Ningún texto, ninguna fotografía, puede rendir homenaje a las majestuosas montañas que rodean la ciudad. El
Machu Picchu no se describe, no se cuenta sino que se vive. Es una experiencia grabada para siempre en la memoria.
Desde la pequeña estación de
Agua Calientes, el autobús escala por la carretera polvorienta hacia el sitio. ¡Una subida que da vértigo! Vamonos y... ¡buen visita!


CASA

CARTA